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martes, 2 de octubre de 2018

¿Cómo ser educador/a social y no morir en el intento?

Un año más, y van..., el Col·legi d'Educadores i Educadors Socials de Catalunya me invita a participar en el Carnaval de Blogs con motivo del Día Internacional de la Educación Social. Este año, el tema versará sobre los errores que hemos cometido en nuestra vida laboral y profesional. He cometido muchos, y pensando en cual de ellos quiero compartir este día me he decidido por unos hechos que en su día me produjeron más de un calentamiento de cabeza. Trata sobre el peligro que corren tus usuarios/as cuando crees que lo tienes todo previsto y eres más listo que nadie. Vosotros/as me diréis.





Durante seis años (2004-2010) propuse y después coordiné un programa de educación para la participación denominado "nueve.e" para la Comunidad Autónoma de Murcia (cuando todavía se hacían estas cosas por aquí). Durante tres cursos, los y las adolescentes inscritos pasaban por tres fases progresivas de adquisición de habilidades  e intervención comunitaria con el acompañamiento de una persona dinamizadora. La última fase consistía en la realización de proyectos ideados, gestionados, ejecutados y evaluados por los y las participantes (chicos y chicas entre los 15 y 17 años).

Yo mismo les expliqué a sus dinamizadores que todos los grupos podían elegir el proyecto que quisieran, sin importar sobre qué tratara, que lo importante era que fueran ellas y ellos quienes lo llevaran a cabo.

Hubo proyectos de todo tipo: en centros de mayores, sensibilización medioambiental, apoyo a colectivos de discapacitados, destinados a infancia, contra el acoso escolar, violencia contra las mujeres... todos, la verdad, salieron estupendos y me hicieron sentir que cuando confías en ellos y ellas y te lo has currado de forma estable, planificada, te rodeas de un buen equipo y con apoyo institucional, las cosas salen bien.

Pero, mira por donde, uno de los grupos de una localidad murciana de 12000 habitantes les dio por el siguiente: una campaña a favor del aborto libre en el pueblo y en contra de un colegio religioso, ya que dicha institución de la localidad estaba realizando otra campaña para que se prohibiera en todos sus supuestos. No quería caldo, pues toma dos tazas.

Cuando la dinamizadora del grupo me dijo la idea ya pensé: ¡La que me van a liar estos cabrones! Pero no me opuse, les había dado mi palabra a todos los grupos que podían hacer lo que eligieran.

Le presentaron el proyecto al Concejal de Juventud, como era preceptivo, y se escandalizó. Pronto llegó a los oídos del Alcalde que llamó enseguida a la Directora General de Juventud para que pusiera orden y ésta me dijo que hiciera lo que yo estimara conveniente (al césar lo que es del césar). La dirección del colegio estalló y pronto se enteraron las familias para acabar de enredar la madeja. Era la comidilla del pueblo y el grupo estaba en la diana de todo el mundo: unos por ideología, otros diciendo: qué hacen estos mocosos dando por saco y jodiendo nuestra tranquilidad.

Chicos y chicas estaban atrincherados con sus motivos y pronto se vieron rodeados. La persona que dinamizaba les comentó que las cosas se estaban poniendo feas en su contra, pero nada les hacía cambiar su idea.

Tuve que intervenir, claro. Convoqué una reunión con todo el grupo (6 chicos y 4 chicas) y les comenté que, aún sabiendo que les había dado mi palabra, no podía dejarles avanzar en su idea.

Les dí argumentos para explicarles el por qué de la decisión e intenté que sintieran que los trataban como personas adultas. Y ese, precisamente, era el problema: que eran menores y yo tenía que protegerles. Si hubieran sido mayores de edad hubiera llegado hasta el final a costa de lo que fuera, pero no podía permitir que casi un pueblo entero, sus familias y autoridades machacaran a un puñado de soñadores adolescentes en un tema como ese y en un país como en el que vivimos. Para mí, primó su seguridad por encima de cualquier otro motivo y, por supuesto, por encima del programa y sus objetivos.

Y lo entendieron, pero se negaron a realizar cualquier proyecto alternativo, lo cual me pareció bien, coherente.

No poner límites creyendo que lo tienes todo controlado y que sabes más que nadie te puede jugar malas pasadas y puedes meter en un aprieto a gente que todavía no está preparada, ni falta que les hace, para calibrar las consecuencias. 

Esa debe ser tarea nuestra y yo, no estuve a la altura.

Un año más, gracias al CEESC por invitarme.

Buen día de la educación social.


PD: En este enlace podréis encontrar todos los post del Carnaval de Blogs.


1 comentario:

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