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martes, 18 de noviembre de 2014

Tres miradas para trabajar con jóvenes.

Una hacia nosotros mismos, otra para el contexto y una más, la más importante, para la población joven con la que trabajamos. No se trata de una secuencia sino de un proceso paralelo, de aprendizaje personal y colectivo. Es un ejercicio que deberíamos de hacer todos los que trabajamos con jóvenes.

  1. La mirada hacia dentro.
La que debemos hacer con nosotros mismos, con los equipos donde trabajamos y con las estructuras en las que ejercemos nuestra labor.

La pregunta que más me suelen hacer en distintas formaciones es cómo motivar a la población joven en alguna tarea y ante ella suelo responder con la siguiente: ¿Y tú,  estás motivado para ejercer tu labor?

En definitiva  ¿Se puede motivar sin estar motivado? ¿Qué transmitimos sin esa condición? ¿Puede ser uno un profesional de la motivación sin creer en lo que hace? No olvidemos que también trasladamos todo tipo de emociones y sensaciones a nuestros destinatarios: desesperación, aburrimiento, cabreo, rutina…Y sí, todas esas emociones son humanas pero luego no podemos descargarlo todo en el consabido: “estos jóvenes no están interesados en nada”, como decía Sócrates hace 2400 años.

Los que me seguís ya sabéis lo que pienso de esa absurda costumbre gremial del corporativismo. Los equipos de trabajo no funcionan si alguien no cumple. Y si no cumple hay que explicárselo y si no se pone las pilas que vuelva a la escuela y que no estorbe. Solemos patalear si alguien a nuestro lado no tiene un título, aunque sea un buen profesional, pero nos callamos cuando soportamos a alguien nocivo para el equipo y para cumplir los objetivos planteados con nuestros usuarios.

Otra de nuestras quejas es el sistema. Ahí estaremos la mayoría de acuerdo. Las estructuras están caducas pero leo y veo ejemplos muy interesantes sobre el trabajo en común y nuevas formas de organización en entidades. La administración mientras, intentando legislar transparencia de boquilla, a pesar de los magníficos profesionales en esta materia y las ideas que proponen. Internet y el trabajo en red están cambiando poco a poco la forma de hacer las cosas y nos está permitiendo construir proyectos e iniciativas.

A veces nos olvidamos que acabamos de comenzar la era de internet y estamos todavía en pañales de lo que puede llegar a ser. Por ahora nos conformamos con tener un twitter y facebook de nuestro servicio o entidad sin saber que esto tiene mucha mayor transcendencia que hacer lo mismo que hacíamos pero con otros instrumentos.

Y no podemos quedarnos atrás, tenemos que avanzar, como mínimo,  a la par que nuestro tiempo y no cuando no haya más remedio porque ese tiempo te ha dejado atrás.

En esa mirada interior,  me haría otras preguntas  ¿Qué se yo de jóvenes, de la población joven, de sus perfiles, comportamientos, necesidades, preocupaciones?  ¿Seguro que lo enseñan en alguna facultad?  ¿No necesitamos saber cómo son las personas a las que dedicamos nuestro trabajo? ¿Un profesor puede hacerlo bien sin tener ni idea de a quienes va a tener delante y a diario el resto de su vida? ¿Enseñar o vomitar contenidos? ¿Pretendes que jóvenes con 15 años, hormonas con patas dando saltos, estén calladitos y obedientes? ¿No te acuerdas de cuando tenías esa edad?

Lo bueno de esta nueva época es que no hace falta hacer un máster para saber, ni que te den un certificado al final de un curso o grado. Puede que valga para acceder a un trabajo, donde  haya, pero no tiene porque ser síntoma de que sabes.

Existen cientos de proyectos en diversas disciplinas tanto en la educación formal como en la desdichadamente llamada no formal para investigarlos, unirte a ellos o crear uno propio con otros profesionales de distintos ámbitos. Y no, no me refiero a esos proyectos que te becan para estar 6 meses en el extranjero acompañando a unos estudiantes. Aquí no hablamos de vacaciones pagadas, hablamos de conocimiento, del que cuesta tiempo y esfuerzo.

Y por último, es necesario que aceptemos que no lo sabemos todo. Cada vez podemos controlar más matices de un mismo tema pero esto también te da la certeza de que cuanto más conoces más te queda por aprender.

  1. Una mirada al contexto.
En muchas ocasiones programamos actuaciones, formulamos objetivos, planificamos procesos y educamos a adolescentes y jóvenes como si sólo fuera importante nuestra idea y el tener claro a quién nos dirigimos sin pensar mucho en el contexto y en la situación actual.

Además de la falta de financiación para poner en marcha cualquier iniciativa debemos saber en qué situación vamos a trabajar y, sobre todo, en qué momento se encuentran las personas y los grupos con los que vamos a ejercer nuestra labor. Si alguien piensa que eso no cuenta es que le importa un rábano si llegan o no los posibles conocimientos que queremos trasladar.

¿Nuestra obligación es que lleguen los contenidos de la mejor forma posible a los destinatarios de nuestras acciones o soltarlos y que cada cual se busque la vida?

Para cualquier proceso de aprendizaje es vital que éste se efectúe en las condiciones, ambiente y lugar adecuado para que se pueda producir el hecho de la comunicación, paso previo para cualquier proceso de estas características.

Hemos creado durante todos estos años grandes instalaciones pero  puede que no reúnan las características adecuadas para que se produzca lo que hablábamos en el párrafo anterior.

El aula de formación y los espacios destinados a jóvenes son los mismos desde que tengo uso de razón y no estoy seguro que sean los idóneos  para jóvenes de distintas generaciones.

No comprendemos porqué a los jóvenes no les gustan las maravillosas instalaciones que les ofrecemos que son exactamente las mismas que teníamos hace no sé cuantos años. Y sin son nuevas, es lo mismo, están construidas a imagen y semejanza de aquellas ¿Tienen las mismas necesidades ahora? ¿Los mismos gustos? ¿No? Entonces  ¿Por qué seguimos haciendo lo mismo? En mi opinión las mejores infraestructuras destinadas a jóvenes, para los distintos tipos de procesos educativos, deberían ser diáfanas y que cada grupo las adaptara a sus necesidades.

La situación actual no es para tirar cohetes, lo sabemos todos. Ya decimos que esta generación es la primera que va a vivir peor que sus padres y eso lo condiciona todo con lo cual,  si hacemos lo mismo que veníamos haciendo, con el contexto actual, los que estamos fuera de la realidad somos nosotros.

  1. Una mirada a los jóvenes.
Todos hemos oído mil veces la expresión “estos jóvenes no se parecen en nada a los de hace 10 años”. Pues sí y pues no.

Pues sí porque estos reciben millones de estímulos más que los de hace diez años y los de hace diez años,  millones más que los de hace veinte.

Pues no porque en esencia, la adolescencia y la juventud, son lo que son biológica y psicológicamente, evolución mediante.

Seguimos oyendo la cantinela de que los jóvenes acceden a ciertas prácticas de forma cada vez más temprana, lo más lógico en el mundo en que vivimos, pero casi no decimos nada de otros temas en donde cada vez se llega de forma más tardía: esfuerzo, responsabilidad, autonomía.

¿Esto es bueno? ¿Malo? Pues no lo sé, el tiempo lo dirá. Lo que si se es que es lo más normal del mundo en el marco de la sociedad que entre todos (unos bastante más que otros) hemos montado, o dejado que nos monten.

He oído, visto y leído opiniones diferentes sobre qué es ser joven y resumiendo: para unos es un tránsito para la vida adulta (como si ser adulto fuera el objetivo de la existencia) y para otros es un fin en sí mismo,  como si todo lo que no fuera o pareciera ser joven estuviera fuera de onda.

La verdad es que lo veo más sencillo que todo eso y sus correspondientes argumentos. Vamos a tratar con unos mínimos en que la mayoría podamos estar de acuerdo.

-      Adolescentes y jóvenes han de vivir sus propias experiencias para  forjar su identidad. No pueden ni deben vivir de nuestras historias. Ellos han de ser protagonistas de su vida no secundarios de la nuestra.

-   Podemos estar de acuerdo en una serie de valores universales que es necesario trasladar para poder convivir y desarrollarnos como seres humanos en donde el conocimiento, la autonomía y el respeto por los otros sean los ejes fundamentales.

-      La metodología que empleemos para lograr estos fines puede ser dispar en función de las circunstancias de las personas o colectivos a los que acompañamos. No vale todo para todos. Las personas no son iguales, son sus derechos los que son iguales.

Un estudio sociológico sobre la juventud nos puede dar pistas generales pero solo eso. No hay estudio sociológico que valga cuando estás delante de un grupo de jóvenes concretos, cada uno de su padre y de su madre. No tenemos que saber cosas de la juventud sino de esos jóvenes de carne y hueso que tenemos a nuestro lado y a los que ofrecemos nuestro compromiso o se supone que lo hacemos.

Si no es así ¿Qué hacemos ahí?

Para empezar este análisis de las tres miradas para trabajar con jóvenes es suficiente, aunque el tema da para bastante más e intentaré seguir profundizando.

Si os parece,  podéis contribuir dejando vuestra opinión sobre alguna de las tres miradas, también podéis ver con otros ojos o extender esa visión a otros campos.


Son vuestros ojos los que ven.

5 comentarios:

  1. No estaría de más que algunos se echaran una mirada hacia dentro de vez en cuando, la verdad. Me ha gustado mucho el post.

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  2. Muy completo el post, Juan. Me he sentido identificado en varios puntos.

    - Convivir profesionalmente con una persona que boicotea el trabajo de los demás y es un elemento negativo dentro del grupo. Casi todo el mundo calla por esa creencia que si te quejas de un "compañero", eres tú el mal compañero. Y, como dices, luego nos quejamos (yo el primero) de la falta de título de el de al lado.

    - La mirada interior, no sólo con lo que sabemos de los chicos sino de nosotros mismos. Quiénes somos, cómo éramos nosotros a su edad, cuáles eran nuestras necesidades. Es verdad que han cambiado pero pienso que la base es la misma.
    - Por último, y que me tiene bastante alarmado, es que últimamente leo o escucho voces en las que desmitifican la educación en el esfuerzo especialmente en chicos con baja tolerancia a la frustración. Como el que no se esfuercen y consigan todo lo que quiere para poder compensar esa dificultad y no se quede atrás en comparación del resto. Incluso, justificándolo con teorías psicológicas. Me parece terrible y más en los tiempos que les va a tocar vivir.

    Gracias por hacernos reflexionar sobre qué estamos haciendo.

    Saludos

    @mignesias

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    1. Gracias, Miguel. Yo también flipo con algunas posturas de la psicología que, últimamente, parece diseñada por un padre o madre preocupados hasta el paroxismo por sus hijos, como si fueran de cristal. Eso si, los gabinetes están llenos y el negocio funciona. Mientras, cuando hablas de esfuerzo, conocimiento, curiosidad te miran como si fueras un marciano.

      Saludos.

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  3. Te vengo siguiendo desde hace tiempo y observo es tus artículos una necesidad de que los profesionales de juventud abordemos la autocrítica sin pensar en las cuestiones a las que solemos echar la culpa de nuestros males y me gusta pero también he de decirte que la mayoría estamos en esto de juventud de rebote y aunque con el tiempo nos gusta y nos hemos formado para nuestro trabajo, a veces tantos problemas nos abruman en el día a día y bastante tenemos con llegar al día siguiente. Cada vez estoy más convencido que este sistema está agotado, como te he leído en alguna ocasión y también que hay muy buenos profesionales pero no lo veo plasmado en mi trabajo diario y nadie se da por aludido de esas nuevas formulas. Quiero hacer algo pero no encuentro apoyo ninguno.
    Gracias por tus post que, al menos, me hacen reflexionar e investigar por mi cuenta.

    Andrés P.

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    1. Gracias, Andrés. Esto al final pasa como con lo del traje del rey: todos sabemos donde estamos pero nadie hace nada para avanzar y lo que se hace pasa tan desapercibido que seguimos teniendo la misma percepción de lo que ocurre a nuestro alrededor. Existen buenos profesionales, existen buenas ideas y proyectos en lo relacionado con jóvenes tanto en educación formal como no formal pero no es algo estructural y pasa desapercibido. A estos proyectos los medios de comunicación y el poder los tratan como anécdotas y somos nosotros quienes tenemos que convertirlos como modelo ¿cómo? Ahí seguimos.

      Saludos.

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