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jueves, 21 de junio de 2012

Dando vueltas a la participación juvenil: cosas de perogrullo



Tenemos claro que no se puede luchar contra muros bien anclados que confunden términos todos los días pero nos debe de quedar, al menos, el derecho al pataleo. Estoy harto de que se llame participación juvenil a cualquier cosa y por eso, aunque sea de perogrullo para los profesionales, no puedo dejar de escribirlo.




En el saco de la participación se mete todo, se confunde todo y así es muy difícil trabajar.

¿Es participación las actividades en donde los jóvenes no intervienen en su gestación, puesta en marcha, planificación, gestión, ejecución o evaluación? NO.

¿Es participación lo de las redes sociales, tal y como se utilizan ahora (facebook o twenti)? NO.

¿Es participación lo que hace un grupo de gente constituyendo una organización para buscarse la vida sin tener en cuenta la dinámica de funcionamiento orgánico de una asociación? NO.

¿Es participación apuntarse un día a recoger basura del monte? NO.

¿Es participación pertenecer a una asociación y no haber ido nunca a una Asamblea, reunión o Junta Directiva? NO.

¿Es participación una actividad organizada por una entidad a la que la gente se inscribe y es usuario de la misma? NO.

¿Es participación el trabajo que hace un voluntario atendiendo a una persona mayor dos veces por semana? NO.

¿Es participación irse de viaje en un intercambio del programa Juventud en Acción porque te has apuntado cuando salió la convocatoria? NO.

¿Ir a un concierto es participación? NO.

¿Ir a un campamento es participación? NO.

¿Un usuario de un servicio es un participante de dicho servicio? NO.

¿Ir a pedir información a un servicio es participación? NO.

Participante, al fin y al cabo, es aquel que durante cualquier parte de un proceso puede dar su opinión y ésta pueda ser escuchada y debatida, así de simple. En definitiva, poder tomar parte en el proceso de toma de decisiones sobre una cuestión, programa, actividad, gestión, etc…

Profundizando en el tema abordaríamos dos planteamientos diferentes:

1.     Programas de participación. Aquellos en donde el protagonismo en cualquiera de sus partes lo tienen los jóvenes que tienen la posibilidad de proponer, cuestionar, cambiar, discutir y acordar todo aquello referente a la actuación que se está llevando a cabo. Hay algún ejemplo en este blog y seguro que cualquiera de vosotros conoce alguna buena práctica en este sentido.

2.     Metodologías participativas. Aquellas que se pueden llevar a cabo en cualquier programa, actuación, gestión, dinámica, proyecto, actividad, reunión, etc… Cualquier intervención puede ser motivo de implantar metodologías participativas con el objetivo de implicar y dar la oportunidad de que dicha acción se convierta en algo propio. Para mí, lo más eficaz para promover la participación.

En definitiva, estamos participando en una actividad cuando formamos parte en la organización de la misma y/o en cualquiera de sus apartados. Si somos tres y formamos una asociación para buscarnos la vida y organizamos actividades con el objeto de sacar una contraprestación por las mismas, siempre podremos decir que es una actuación enmarcada en el tercer sector pero no somos, por mucho que nos empeñemos, algo participativo y claro, si una de las esencias de la participación, las asociaciones, pierden su valor participativo ¿para qué las queremos? Forman parte de un sector económico más pero sin valor alguno para la promoción de la participación social de los ciudadanos.

Pensemos en un grupo scout que funcione bien. Si dentro del grupo los jóvenes tienen reuniones durante todo el curso para preparar su campamento y elegir el lugar, las actividades, la intendencia, etc… estarán completando un sistema participativo que propicia su interés por la actividad y la hará suya. Por el contrario, cuando un joven se apunta a un campamento y se entera del programa de actividades que tiene que realizar cuando llega al lugar de ejecución, podrá ser muy divertido, fantástico, lo que queramos, pero no lo llamemos participación porque no lo es.

Ahora parece que se va a acabar el mundo con la utilización de las redes sociales entre los jóvenes y se nos presentan como la nueva panacea universal de las políticas de juventud. Todos los organismos de juventud  que se precien harán algo en esta materia pero al día de hoy sólo son un patio de vecinos en donde cada uno retrata las cosas de su vida diaria y procura enterarse de los chismes de los otros y se ha convertido en un vehículo importante de comunicación entre adolescentes pero, por ahora, no de participación social.

Para muestra de por donde van los tiros os comentamos lo que un profesor (¿?) de un curso de formación sobre gestión de asociaciones se le ocurrió decir a sus alumnos: “montar una asociación es fácil, lo puedes hacer con dos amigos más, aunque ellos no estén metidos, así podrás tener un CIF para facturar y ofrecer servicios socioculturales”.  Pues eso, así nos va. Lo que se considera uno de los pocos cauces de participación social del ciudadano convertido en un proceso participativo de uno consigo mismo y con sus clientes, siempre y cuando estos paguen por dar un servicio.

Mientras tanto, que los jóvenes estén inmersos en los asuntos de la comunidad (lo más fácil y menos costoso que existe) nos sigue pareciendo de ciencia ficción.





8 comentarios:

  1. La sociedad actual no ofrece a los y las jóvenes unas herramientas claras de participación. La potencia del consumismo hace que nuestras armas para facilitar la participación se queden como una gota en un océano en comparación con todas las ofertas que reciben los jóvenes a través de la publicidad y los medios de comunicación.

    ¿Por qué debemos de esforzarnos en fomentar que los y las jóvenes participen? Una sociedad sin participación, no vertebrada, sin que la ciudadanía pueda organizarse según sus intereses y dejando que la participación se remita a depositar un voto cada cuatro años, corre muchos peligros y puede que lleguemos a dejar nuestro sistema democrático sin legitimidad. ¿Imagináis unas elecciones donde sólo vote el 30 % de la población?

    Como todo, la participación se trabaja, se entrena, se práctica y es necesario que se remuevan todos los obstáculos para que quien quiera hacerlo, pueda y sepa. Lo demás, puede estar bien, pero, por favor, no le llamemos Participación.

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  2. 1 de diciembre de 2009: Querer, poder, saber. blog participajuventud, Una experiencia atropellada por la crisis, todavía rescato cosas de aquel blog y me da gusto verlas escritas por otros.
    Como siempre, gracias.

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  3. Totalmente de acuerdo con vosotros.

    Para mi es importante "Educar para la Participación" y po tanto toma mucha fuerza la idea de "escalera de la participación.

    Un proyecto participativo ha de ser un proceso que ha de contar con diferentes momentos que permitan la construcción de la participación.

    Simplificando:
    Primera vez voy de público al concierto
    Segunda vez voy a echar una mano en el concierto
    Tercera vez me encargo de una de las tareas del concierto
    Cuarta vez decido que grupo viene al concierto
    Quinta vez decido y llevo a cabo la lineas de la programación.

    Muy simple pero me sirve para explicar esta idea de escalera, de proceso de aprendizaje que todo proyecto participativo ha de tener presente.

    Dejo un ejemplo que va desde la falsa participación a la toma de decisisones. http://www.openp2pdesign.org/wordpress/wp-content/uploads/2007/11/ladder_volunteer.gif

    Antonio Alcántara

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  4. Yo tengo esa imagen en Español

    https://picasaweb.google.com/lh/photo/e_WAsR6KmPFLw-MSi25zmoLpP4xoPk7W9LE-xRwPn7k?feat=directlink

    Y ya que hablamos de Participación, os comparto los distintos estilos en la "Margarita de la Participación"

    http://elcasopablo.blogspot.com.es/2011/08/estilos-de-participacion.html

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  5. Gracias Antonio y Pablo por vuestros comentarios y aportaciones, así da gusto.
    Un abrazo.

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  6. Totalmente de acuerdo con vosotros... LA PARTICIPACIÓN NO SE IMPROVISA.

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  7. Pues creo que esencialmente la participación es una práctica, individual y colectiva, y como tal necesita de un querer y un saber por parte del individuo y de un contexto y unos cauces más o menos adecuados para su ejercicio por parte del colectivo. Pero estas condiciones no se dan espontáneamente, ni están ahí permanentemente. Confundir términos, como bien apunta Juan, hace que se vaya diluyendo el sentido,los espacios y las condiciones para la participación, y sin participación la democracia, la ciudadanía y la libertad se resienten. Suena grandilocuente, pero es una verdad de "perogrullo"...Saludos

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  8. Gracias J y Codo por vuestros comentarios. Totalmente de acuerdo con vosotros, la participación no se improvisa ni se crea espontáneamente, es necesario que se produzca el hábito y para eso la educación y los educadores es parte fundamental. Saludos.

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