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martes, 15 de mayo de 2012

¿Cómo trabajo con un grupo de jóvenes de quince años?

Situación: jornada formativa dirigida a los mediadores de un programa de educación para la participación que va a comenzar. Se realiza en 20 municipios diferentes y se trata de que todos tengan las máximas herramientas posibles para llevar el grupo de jóvenes, 14 y 15 años, a buen puerto. Cuando han terminado, la mediadora de un pequeño pueblo, educadora social sin apenas experiencia, dice agobiada: pero ¿qué tengo que hacer cuando esté delante de ellos? ¿Qué les digo? ¿Y si me pongo nerviosa y me toman el pelo? La respuesta del coordinador: lo único que puedes hacer es joderte, las tablas ante un grupo de jóvenes no vienen en el código genético, escúchalos y aprende.



¿Por qué empiezo así esta entrada? Porque nadie nace enseñado. Ni nosotros, estupendos educadores, ni ellos, jóvenes hambrientos de comerte al menor descuido. El aprendizaje ha de ser mutuo y, a ser posible, de forma simultánea.

No voy a manifestar ahora resultados de estupendas tesis y sesudos estudios. Esta es mi experiencia y como tal la cuento y no quiere sentar cátedra alguna, sólo poner encima de la mesa argumentos que han sido útiles y que otros educadores pueden comentar, complementar, estar en desacuerdo o tirar directamente a la basura.

La principal característica de un joven de quince años es precisamente esa: que tiene quince años. ¿Qué te esperabas? ¿Psicología evolutiva? 

No voy a buscar ningún texto para ver qué se siente a esa edad, lo único que tengo que hacer es un ejercicio de memoria. Lo hago. Y me veo: “ganas irrefrenables de actividad, qué malos eran mis padres (benditos sean), qué buenas están todas las tías, qué pesados son los profesores (salvo ese que nos escucha),granos, hablo de cosas con los amigos que nunca converso con los adultos, estoy harto de hacer lo que me dicen por que sí, salir de mi tienda de campaña de noche sin que me vea el monitor, beber licor 43 con coca cola los fines de semana hasta que me salga por las orejas, distraerme con cualquier cosa, aburrirme, quiero tener muchos amigos y también las zapatillas Kelme que tiene mi vecino, ¿mi aspecto le gustará a las tías?, no me gusta que mi madre hable de mí a las amigas cuando estoy delante, fumo y bebo: los mayores lo hacen, te callas cuando hablan los adultos, ¿porqué tengo tan poco dinero en el bolsillo?, no he podido evitar correrme encima cuando estaba con maripuri, como me sigan dando la tabarra me escapo de casa, me he fumado unos porros, y qué, ¿que la risa es mala ahora?, me han suspendido, qué va a decir mi padre; ¿se estarán esos riendo de mí?, voy a ver a mi abuela porque me dará algo de pasta, soy chulo hasta que alguien es más chulo que yo, no me comprenden, ¿por qué tengo que llegar a las 11 si a todos mis amigos los dejan hasta las 12?, ¿le gustaré a aquella chica que me mira y se ríe? ¿Qué me pongo?”

En este cúmulo de frases hechas podemos encontrar la generalidad de lo que pasa por la cabeza de una persona de 15 años, con algunos rasgos particulares entre chicos y chicas. Pero, ¿cuántos de vosotros no habéis estado en, al menos, la mitad de esas situaciones? Siempre he creído que los jóvenes somos los mismos. Posiblemente la edad de inicio en todas las cosas sea antes y seguirá siendo, también que la tecnología ha cambiado unas cuantas cosas, y las seguirá cambiando, pero la esencia, la naturaleza sigue siendo la misma.

Por todo esto, lo primero que debemos hacer es empatizar con algo que ya conocemos pero se nos ha olvidado y renunciamos a comprender, lo mismo que nuestros mayores no nos entendían. Está ahí, tan cerca, tan simple, pero seguimos sin ver qué personas tenemos delante: a nosotros mismos.

A partir de ahí se trata de estar. Tu presencia debe de aportarles estímulo para conocer e ir comprendiendo por sí mismos, sin evitar errores y caídas, tienen derecho a tenerlas. La ventaja es que tú estás ahí y puedes propiciar que él mismo analice lo sucedido, sin moralinas por tu parte.

Cuando tienes delante un grupo de quince, veinte o veinticinco jóvenes debes de mirarlos a los ojos cuando hables, a todos. Es una simple técnica que al principio cuesta un poco pero con algo de tiempo al hablar mirando, uno a uno, te da seguridad y les muestras respeto, a la vez que consigues que estén prestándote atención porque saben que en cualquier momento los puedes mirar.

Tú no eres uno de ellos. La máxima que debemos de aprender a toda costa, sobre todo cuando la diferencia de edad no es tan grande. Debes de propiciar que tengan sus propios espacios y momentos.

Y vendrán momentos malos, normales por otra parte en la vida de un grupo, y se deberá de afrontar cada situación de forma seria y hablada, tienen quince años pero no son tontos. Sólo hay que tratarlos como personas y que asuman, por tanto, esa responsabilidad. Y, por supuesto, te equivocarás. Eso es más fácil, con reconocerlo se acaba el problema.

Como punto y final, para mí, la más importante: tú les acompañas (1) no les diriges a ningún punto. Cuando encuentren su punto ya no estarás ahí para comprobarlo, tu misión es otra mientras están contigo y cuando dejes de acompañarlos y observes quienes eran y lo que son ahora te sentirás satisfecho y observarás por ti mismo que tu trabajo ha merecido la pena y que tiene sentido este rollo de la animación sociocultural.

Como habréis podido observar a todo esto le podemos poner un nombre académico, podría haberlo hecho. Pero, no. Se trata de personas y la animación sociocultural es ciencia y sentimientos y hay que intentar poner sentimiento a lo que decimos y escribimos, esto no puede ser tratado como simple estadística, chocaría con la esencia misma de la animación sociocultural. Por eso han salido así estas líneas, sólo con la intención de aportar y/o recordar cosas que todos sabemos y deberíamos practicarlas más porque cuando algo sale bien, sólo nosotros conocemos la satisfacción que produce y esa, amigos, es nuestra fuerza.

(1) Hago mención aquí a esta palabra porque empecé a utilizarla mucho tras leer a Jaume Funes (@JaumeFunes) y por eso esta referencia. Al césar lo que es del césar.

11 comentarios:

  1. Hola company
    Creo que lo has explicado muy bien. El trabajo con adolescentes y jóvenes se basa en el vínculo. En mirarles a los ojos y “acompañarles”. Es a partir de aquí que podemos aportar herramientas.

    Me he sentido identificado en lo que explicabas y sobre todo en la descripción de las preguntas vitales en los 15 años y la sorpresa de algunos futuros dinamizadores de tener que hablar y contactar con grupos de jóvenes en la calle. “Pero…me puede pasar cualquier cosa” me respondió una alumna en un curso ante tal hecho.

    Me llegó este informe esta mañana. Te lo dejo por si te puede ser interesante. “Acceso de los jóvenes a la cultura en Iberoamérica Tendencias, obstáculos y experiencias”.
    http://egac.files.wordpress.com/2012/05/acceso-jovenes-a-la-cultural-en-iberoamerica-informe-final-2012.pdf

    Hay que ver que cosas decimos en el informe los jóvenes que vivimos en el estado español:

    “Para que se desarrolle un reconocimiento de dicha cultura un hombre joven de España recuerda que “disponer de espacios comunitarios donde los jóvenes puedan enseñar lo que están haciendo les convierte en protagonistas, cambia la percepción que tienen de ellos mismos y cambia la que la comunidad tienen de ellos.” También destaca la importancia de un cambio político: “En este sentido es fundamental que haya un cambio de concepto, que las políticas de gobierno miren a las expresiones juveniles de otra manera, fuera de la óptica del control. El grafiti, el circo, el skate, la rumba catalana que tocan en las plazas y todas las demás expresiones se pueden ver de diferentes formas: como arte y creación o como un acto de vandalismo o incivismo”.

    Antonio Alcántara
    http://educaciotransformadora.wordpress.com/

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  2. Gracias por tu comentario, Antonio. Espero que podamos seguir aportando para acercarnos al quid de la cuestión. Leeré el enlace. Saludos.

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  3. ¡Hola!

    Coincido con Antonio que no lo podías haber contado mejor, y es que es verdad, todos tuvimos 15 años, y basarse en la propia experiencia me parece básico. De nada vale que lleves un discurso personal basado en criterios y valores educativos, si no es creible. Y no hay nada más creíble que la propia realidad.

    Yo para el trabajo con adolescentes me baso en lo mismo que tú... ¿Cómo me hubiera gustado que me contaran esto...? y lo mezclo con un poco de sentido del humor y risas. La risa une más que el pegamento.

    En resumen, estupendo post ;)

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  4. Gracias Pablo. Estoy convencido que si eres un palo con los jóvenes y lo único que te preocupa es transmitir conocimientos lo vas a pasar mal en esto. Tenemos mucho miedo a que descubran nuestras debilidades y estamos perdiendo, además, algo de frescura y creo que tendríamos que empezar por recuperar lo que nos acerca. Así avanzaremos. Estamos en contacto y te sigo a través de tu estupendo blog.

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  5. Me quedo con el mensaje de empatizar con los jóvenes y no caer en moralinas. Muy buen post.

    un saludo,
    araceli.

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    1. Gracias Araceli, yo también soy de los que piensan que antes de nada hay que empatizar y luego lo demás, no te puedes poner a trabajar con alguien sino sabes quién es. Un saludo y espero que sigas siguiendo el blog.

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  6. ¡Hola!

    De todas las frases hechas que has escrito a mí se me pasaban más de la mitad....y que bueno tener a alguien que de vez en cuando te recuerde lo que has sido para entender de una vez a ese grupo de jóvenes que se apodera de tu cuerpo y de tu mente!!!Es una realidad eso de trabajar con un grupo de jóvenes y confiar en ellos, mirarlos a los ojos cuando hablan y tenerlos en cuenta a cada uno de ellos y de ellas...En realidad es un trabajo científico y lleno de sentimientos, porque es una técnica y al trabajar con personas se mezclan emociones difíciles de explicar...Aún me acuerdo de la última reunion que tuvimos contigo lo mucho que lloraron muchos y lo mucho que lloré yo también..`por qué??? Porque todos estábamos involucrados desde la ciencia y los sentimientos, y cuando te comprometes aunque con ls que te has comprometido tengan quince años, te sientes mal al ver que nada tiene remedio, ni el futuro, ni los jóvenes, ni los futuros padres, ni los educadores, ni el proceso educativo, ni nada...TODO QUEDA EN LA BASURA...Por eso creo que esos jóvenes dan mucho de sí cuando como bien dices se les escucha, pero un fallo del animador sociocultural, aunque es comprensible y necesario, a veces puede resultar fatal...En fin siempre hay que prevenir, tener un as guardado y tener previsto muchas cosas, acordándote desde la empatia de lo que tu grupo y tú eraias cuando teníais quince años, así si se consiguen cosas y se ven, gozando de la mejor satisfacción personal que haya existido...En fin involucrándote en ellos es como más se aprende...
    Me ha gustado el comentario, creo que hace falta estrujarse el cerebro y no callar a los quinceañeros con una charla informativa y pensar que ya tenemos el trabajo hecho...Solo hay que mirar las clases de un instituto para ver si eso es lo que vale....Bego.

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    1. Gracias Begoña por tu comentario y sobre todo por ver que tu experiencia de trabajo con adolescentes te ha marcado y será una referencia para ti en futuros curros con chavales. Un placer haber trabajado contigo.

      Besos.

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  7. quería felicitarte por el texto ya que expresas realmente lo que sufre alguien con 15 años. Pienso también que los años han cambiado, y no precisamente a favor de este colectivo si no al contrario, cada vez los niños se hacen jóvenes antes y los adultos se despreocupan antes de sus hijos, ellos por culpa de entrar en una edad mancada de comunicación y los padres preocupados por otros temas y además observado que sus hijos estas "protegidos" por otros círculos próximos (colegio, amistades, familia, etc). ¿me equivoco?

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    1. Gracias, Mieia. En mi opinión los niños y jóvenes son los mismos que hace....Lo que pasa es que la edad de inicio cada vez es más temprana para todo y seguirá siéndolo. Esto lo produce un cúmulo de circunstancias pero la principal es la misma adolescencia y si queremos tratarlos en este tema como si fuera adultos seguiremos equivocándonos como siempre.
      Espero que sigas participando en el blog.
      Saludos.

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  8. Hola:

    En primer lugar felicitarte por el bloc, creo que expresas fantásticamente lo que pasa por la mente de un adolescente.

    La adolescencia es una etapa donde se exponen multitud de desorientaciones de uno mismo, se producen cambios físicos y psicológicos. Es época complicada ya que se producen transformaciones, alteraciones en el orden social, cultural y escolar, los problemas son planteados de distinta manera. Los jóvenes se encuentran solos ante los problemas de una sociedad moderna, sin herramientas para relacionarse con el mundo. Es una etapa donde los chicos/as han de reconstruirse, se tienen nuevos deseos, nuevos sentimientos, ganas de experimentar.

    Tener esto en cuenta es importante para poder desarrollar un buen trabajo como educadores, debemos ser un referente, mediadores ante sus problemas e inquietudes. Acompañarles en sus miedos y aportarles las herramientas básicas para su desarrollo.

    Sonia R.

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